La incontinencia urinaria
es un trastorno molesto que consiste en pequeñas fugas involuntarias de orina durante acciones diarias como toser, reír o estornudar. Esta disfunción física puede afectar a la autoestima de la mujer que la padece. Un problema que a día de hoy se puede tratar con total éxito y eficacia mediante el láser Fotona y disfrutar de nuevo de las relaciones sociales con naturalidad y sin miedo.

A partir de los 30 años ya existe incidencia de incontinencia urinaria, y entre esta edad y los 50 años puede llegar al 36%, siendo muy superior al 45% de incidencia a partir de los 50 a 60 años, viéndose agravada por la pérdida de hormonas en la menopausia. Pero incluso hay estadísticas que hablan de la existencia de un 5% de casos de incontinencia en mujeres menores de 25 años.

La pérdida de tono muscular del suelo pélvico origina debilidad muscular y la paciente sin haber sentido deseo miccional previo, al levantarse, toser, reír o incluso en las relaciones sexuales puede tener pérdida de orina.

Lo realmente preocupante es que sólo el 10% de las mujeres que lo presentan acude a la consulta por iniciativa propia. Normalmente es el médico el que tiene que preguntar a la mujer para conocer la realidad.

La incontinencia puede ser de perdida leve a salida incontrolable, pudiendo provocar por el contacto de la orina con la piel mal olor, dolor, ampollas e incluso dolor coital.

Hasta ahora el tratamiento viene marcado en primer lugar por ejercicios simples o ejercicios de Kegel, estrógenos (con sus efectos secundarios), dispositivos especiales llegando finalmente a la cirugía, bien por vía vaginal o incluso abdominal.

El Laser de Fotona ha supuesto un importantísimo avance en el tratamiento de la incontinencia urinaria porque regenera el colágeno corrigiendo el ángulo uretro vesical.

El tratamiento se realiza en dos sesiones que habitualmente estarán distanciadas entre 4 a 6 semanas. El tratamiento es indoloro.

La Dra. Marta Jerez Sainz, especialista en fisioterapia y suelo pélvico,  valora a la paciente indicándole los ejercicios a realizar, haciéndole  un seguimiento de forma periódica desde el punto de vista de rehabilitación del suelo Pélvico.

Pasado un año, si la paciente lo requiriera, se realizaría  una nueva sesión aunque lo habitual es que no sea necesario.